viernes 15 de agosto de 2008

-NO TRATES DE ENTENDERME

Soy la cerilla que no prende,
el cordón que se desata,
el botón de la bragueta dado de sí,
el que se abre cuando te agachas.

Soy la ceniza del pitillo,
el poso pegado a la taza del café.
Soy la parte áspera del peluche viejo,
la pata coja de la mesa,
la hoja que te corta al coger la libreta.

Soy el último pétalo de la margarita,
el agujero del calcetín,
el boli que se destinta en tu pecho,
el cuello de la camisa
que se escapa del jersey,
el nudo de la corbata hecho con prisa.

Soy el 7 del dado,
el 31 de Abril,
el 0,2 de más en el control de alcoholemia,
el inocente del 28 de Diciembre;
Soy el carbón el 6 de Enero,
el que olvida el 14 de Febrero,
y el niño cabrón que te dijo
que el Ratoncito Pérez no existe.

Soy el mosquito de tu habitación en verano,
la foto carnet de tu exnovia
que aparece en la cartera vieja,
la cuerda que se rompe en un concierto,
el teléfono sin silencio en clase de Historia,
el radiador sin purgar.

Soy el transatlántico que se hunde en el charco,
cuando su capitán de 5 años
llora al ver que sólo es de papel.

lunes 4 de agosto de 2008

-AQUI ESTOY DE NUEVO

Supongo que hoy me siento vencido,
otra vez.
Y supongo que es por eso que estoy aquí
de nuevo.
Me prometí que disfrutaría las vacaciones,
que era lo que necesitaba,
lo que merecía.
Me prometí que no cogería el bolígrafo,
al menos por este tiempo.
No más poesía,
es demasiado peligrosa.
Me dice como soy,
que siento
y me da miedo no saber mentirle.

Pero aquí estoy,
de nuevo.
En el escritorio de un hotel de poca estrella,
con la melodía de fondo de la radio.
Aquí estoy de nuevo,
despeinado,
oliendo a salitre gallego
con heridas en los pies
y quemaduras en los hombros.
Aquí estoy de nuevo,
echándote de menos.

A la recepcionista no le gustan los poetas,
lo supe en cuanto me dijo buenos días
¿En que puedo ayudarle?
Reserva a nombre de Lázaro Suárez por favor.
Si, la 33, primer piso a la derecha del ascensor.
Gracias.
A usted.

El pianista es lo mejor del hotel.
Se parece a Arjona afeitado
pero bastante más bajo.
Le pedí la de "quiero",
esa que tanto te gustaba.
Pero no la conocía.
Nunca te conocen.
A veces creo que fuiste una mixtura
entre la realidad y mi imaginación.
No importa, toque lo que quiera.
¿"Para Elisa" le gusta?
Es mi obra de arte preferida.
Buen gusto señor.

Y mientras Beethoven sonaba en el salón
la gente se iba yendo.
Por mí, por la hora,
o porque intuyeron que no sonaba para Elisa la canción.
Quien sabe.
La cuestión es que se fueron todos.
Siguió Mozart,
y Chopin,
y Elton John.
Pero finalmente el piano se apago
y el tipo parecido a Arjona se fue.
Supongo que a casa con su mujer
o puede que a asaltar un mueble-bar.

Me da igual.

Las playas por aquí son bonitas ¿sabes?,
con el agua averdosada y la arena blanca,
de esas que te gustaban tanto.
Pero el tiempo no acompaña,
demasiado viento,
y tu ya no estas aquí
para acurrucarnos bajo la toalla
mientras contamos historias de miedo.

Así que aquí estoy,
de nuevo.
En el escritorio de un hotel de poca estrella
escribiendo algo que leerá cualquiera menos tu,
pensando en ti,
contándote como es esto
y echándote de menos.

Espero que estés bien,
que tu pianista conozca la de "quiero"
y que tu compañía sea mejor que la mía.
Que tu recuerdo y la radio encendida.

sábado 26 de julio de 2008

- A LAS 7.A.M

Suena a las 7:00 a.m el maldito despertador. Lo hace con el mismo sonido metálico que hace doce años, cuando ella me lo regalo. Decía que estaba harta de que llegara tarde a todos los sitios. Sigo haciéndolo igual de mal, pero aun siendo un objeto completamente inútil no decidí tirarlo a la basura. Me recuerda a ella y además sirve como adorno junto al teléfono fijo. Nunca me ha ido la decoración, supongo que sigue ahí simplemente porque me recuerda a ella. Me recuerda que estuve vivo alguna vez, cuando ella estaba y el olvido no atacaba cada noche al acostarme.

Hago de tripas corazón y me levanto del sofá de plástico negro que imita piel, sin muchas ganas para ser sincero. Ni siquiera recuerdo la última vez que dormí en cama, creo que es demasiado grande para mi solo y que es por eso que a mitad de la noche me despierto sudando y sintiendo que me caigo por un precipicio.
Tras una ducha rápida me visto como cada mañana, con un traje que costo como un riñón y con la misma corbata que los últimos cuatro días.

Voy a trabajar.

Idéntica rutina de oficina día tras día, comiéndome el alma de angustia, de aburrimiento y de monotonía. Suelo llevarme al trabajo su despertador, lo pongo también junto al teléfono y lo programo para que grite nueve horas después. Cuando la jornada termina. Cada vez que suena en la oficina me siento como una bestia tras haber tirado dos meses de la misma rueda de molino, como si algo le hubiera dado una paliza a mi cerebro y solo quisiera terminar con todo de la manera más rápida posible.
Guardo mi despertador en el bolsillo y salgo de allí con una mancha de café nueva en la corbata.

En la calle me encuentro con ese montón de viejos feos que tosen como si se murieran, verdes, con una medio sonrisa a pesar de todo, mientras esperan a la salida de un colegio publico. Nunca van a buscar a ningún crió, solo a vigilar a cuales no va nadie a recoger. Puede ser que algún dia hagan una locura… no seria la primera vez.

Desciendo por los escalones que llevan al metro entre carteles que avisan de las elecciones generales, en el fondo estoy seguro de que lo único que quieren es meter miedo a la gente; y mientras espero en el anden a la línea 7 bajo la luz tenue de unos fluorescentes, pasan rápido vagones frente a mi. Uno. Dos. Tres. Cuatro… solo cuatro. Ha sido macabramente gracioso como se quedan en la retina por unos segundos las caras de los pasajeros anonimos como miles de fotogramas que me miraron fugazmente sin pensar si quiera lo que vieron.

La línea 7 tarda mucho en llegar... creo que he vuelto a llegar tarde. Si estuviera ella aquí me habría dicho que no tengo remedio. Seguramente habríamos terminado discutiendo. Mejor que no estuviera.

Echo a caminar con la corbata sucia ya desabrochada y con el tintineo metálico del despertador en el bolsillo, me acerco a unas cajas de embalar que están allí abandonadas. A veces me gustaría ser como ellas, de cartón, sin que nadie me moleste, sin que nadie me mire. Entre ellas hay un mendigo bebiendo lo que parece vodka, del barato.

Me siento a su lado mientras por encima de la bufanda me mira asustado.


“¿Tienes un cigarro?” Le pregunto medio suspirando.
“Aquí…” susurra mientras extiende su colilla.

Exhalo el humo mientras pienso en coger el próximo vuelo con destino a tomar por culo y no volver jamás. Estoy agotado.

“¿Sabes?. Hoy por ejemplo, quisiera ser famoso. Matar a algún carbón quizás… o a varios, salir mañana en titulares… estoy harto de ser el de siempre. El mismo tipo trajeado que semana tras semana hace el mismo trabajo simplemente para poder volver otra semana mas con el estomago lleno y dando gracias por ello”.

“Me ocurre lo mismo amigo, solo que sin el estomago lleno semana tras semana. Bebe un poco de cerveza, te sentara bien”

Me extiende una lata vieja de cerveza. También de la barata.

“No me entiendes… estoy harto de mi gramática adecuada, de mis buenas maneras… quiero quemar el mundo, coño…”

El mendigo me mira fijamente mientras creo que mentalmente se hace una nota personal “matar a este tipo” supongo; luego saca un mechero de los de gasolina del bolsillo, lo enciende y me lo extiende.

“Empieza si tienes huevos mi loco amigo”

“Claro…”

Lo tomo en mi mano derecha observando la llama artificial ondear con la brisa, percibiendo el calor que despide y con un gesto rápido la arrimo a la barba del hombre que prende enseguida.

“ah!!!” sale corriendo gritando al mismo tiempo que se da bofetadas en la barba y en la cara.

“ !!!Estas loco!!!!”

Le miro con los ojos entreabiertos por el humo. Percibo ese olor tan bello, el de los pelos quemados. Me recuerda a ella cuando se pasaba la plancha para alisarse el pelo. Siempre me gusto mas como le quedaba el pelo rizado, pero insistía en pasarse esa maquina para aparentar ser otra persona.

“Si… lo estoy… AMIGO”

El pobre hombre huye de mí, un mendigo borracho… seguramente mañana creerá haberme soñado.

Crujo la lata en mis dedos entre las cajas de cartón, escondido, con ganas de salir en titulares, con una colilla de tercera boca en los labios, en la casa de un mendigo desahuciado.

Una lágrima me recorre la cara.

Huelo el pelo quemado.

Planeo quemar el mundo entero.

La echo de menos… a ella, con sus tonterías, sus manías, sus ganas de vivir rápido y dormir poco.

Creo que hoy hasta el sofá me vendrá grande sin ella…

Me quito la corbata. La tiro a las vías. Y pongo el despertador de nuevo.

A las 7 a.m.

martes 22 de julio de 2008

-GENTE SIN MAS

Caminan con paso acelerado,
como si alguien les persiguiera para pedir cuentas,
y caminan...
ajenos a mi,
cruzan la mirada, pero no le dan importancia,
caminan...
con sus vidas muertas del asco, de la rutina,
con sus ojos agachados de monotonía,
madrugar,
trabajar,
comer,
farra,
y volver a empezar.
Caminan por una calle dedicada a un general,
sin saber quien era ni que hizo,
solo caminan, con prisa,
ajenos a todo.

No saben lo que pienso,
no saben que cambio de nombre a menudo,
no saben de mis pensamientos estridentes,
de mis sentimientos desengrasados,
no saben de nada ajenos a ellos mismos.
Solo quieren tachar un día más en el calendario,
guardar el salario por si los acasos,
y comer caliente cuanto más días mejor.
Les da igual lo demás,
les doy igual yo,
les das igual tú.
Si mañana saltara de lo alto de torre Picasso,
se enterarían por un titular de periódico
que pasarían de largo y con una sonrisa,
les gusta el morbo así,
desgracia de unos consuelo de muchos.

Se cansan de sus perros,
se hartan de divorcios,
escupen en la acera,
tienen miedo de lo desconocido.
Les gusta la mentira en que sobreviven,
los mil duros de felicidad
y las faldas cortas.

Y caminan...
por la calle de un general,
sin saber quien era ni que hizo,
mirándome con miedo,
como si fuera a sacar un revolver
para ponerles en titulares.

Caminan para sobrevivir,
otros sobreviven para caminar
Es la diferencia entre gente
y persona,
la diferencia entre perder
y luchar.

domingo 29 de junio de 2008

-A LAURA

Te cambiabas de ropa
mientras me mirabas de medio lado
sin atreverte a hacerlo del todo,
no me extraña sabiendo como sabías cómo me despido.
Suelo hacerlo con una frase corta,
un buenas noches
o un cuídate simplemente,
es así porque odio los besos de despedida
y los abrazos que se traducen por adioses envenenados,
si de mi dependiera no terminarían nunca,
pero no depende de mi.
Tienen que acabar en algún momento
y no sé distinguir cuando ha llegado,
así que por éso lo hago con un buenas noches,
o un cuídate simplemente.
La última vez que dije ésto rompiste a reir,
decías que te gustaban mis explicaciones innecesarias.
Soy así y no sé hacerlo de otra manera,
pero te gustaba.
Siempre fuiste algo rara
aunque prefirieras el adjetivo especial.
Yo en cambio odiaba tu manía de fumar después de besarme,
como si quisieras quitarte el sabor de mis labios.
También reíste cuando te pregunté porqué lo hacías,
pero no supiste contestar,
supongo que fue porque te daba vergüenza confesar,
o porque creíste que me enfadaría la respuesta
y te olvidaría antes de lo que esperabas.
Lo gracioso que sería si supieras que aún no lo hice.

Me recojo cada noche tras escribir algo sobre ti,
unas veces digo que te extraño,
otras que siempre te odié,
pero la mayoría termino rompiendo el papel.
Lo gracioso que sería si supieras
que no eras tan especial como pensabas,
que no eras la única que fumaba tras besarme,
que la manga francesa se puso de moda
o que el rock'n'roll sigue vivo en guitarras desafinadas.
En lugar de perder con lo ganado como recomiendan,
decidí ganar con lo perdido, contigo, por variar un poco,
aunque pensaras que no era real,
que todo era una escena de acción fingida de mala manera
para que nadie se apiadara de mis huesos y hacerme el duro.
Lo gracioso que sería si supieras que tenías razón.

Te mandaría un beso,
o un abrazo.

Pero los odio cuando se usan de despedida.

jueves 26 de junio de 2008

-REFLEXIONES II

Hay días en que te paras a pensar en ti,
en tu vida,
en los años que tiraste a la basura,
los que merecieron la pena,
las aventuras de serie B que protagonizaste
y las mujeres que dijeron cosas bonitas por reirse.
Hoy es ése día para mi, es irónico
y te sientes sólo no lo voy a negar,
incluso intuyes que lo nuevo ya empieza,
pero en el fondo sabes que es una mentira,
cómo esas que inventaste para pedir perdón
y fallaron para no variar.
Hoy escribo,
por no ponerme a hablar delante del espejo,
acabaría llorando... y éso está mal visto.
Pero algo tengo que hacer para olvidarte...
Me araño el corazón con preguntas estúpidas
de las que no tienen respuesta,
cómo ése "¿qué tal me queda?"
cuando probabas vaqueros de Zara en el centro.
Dije que te hacían un culo precioso
y contestaste susurrando un te quiero.
Te había mentido, pero éso ya lo sabías.
De todos modos te creí.Yo sí.

A veces sientes también que perdiste dinero, ganas, tiempo,
comprando entradas para ése teatro que tantas ganas tenías de ver,
en el que yo hacía de pistolero de banco
y tú de bailarina de cabaret barato.
Y ahora no sé cómo explicar
que me cierran las bragas
las mujeres a las que les hablo de ti.
Dicen que sigo enamorado,
pero no es cierto, nunca lo estuve.
Sólo me sucede que te necesito, quizás por débil
o puede que sólo sea cuestión de autoestima.
Pero te necesito aunque suene desesperado.
Descuida,
no lo es.
De todos modos éso ya no importa,
ni qué pase hoy,
si caigo o lucho un round más,
si me echo la culpa o demonizo a tu familia.
Supongo que terminaré contando hasta tres,
y dándome una ducha, me sentará bien.
O quizás no,
pero algo tengo que hacer para olvidarte...
Hoy escribí,
mañana soñaré con una famosa que se enamora de mi,
o puede que vuelva a echar de menos tu respiración en mi cuello
mientras compongo un blues que lleve
tu nombre.

sábado 14 de junio de 2008

-HIGHWAY TO HELL

Mujeres que esperan que alguien las recoja
en una acera mojada por la lluvia de ayer,
exhibicionistas de parque infantil,
ambulancias gritando por el centro urbano
en busca de un adolescente en coma,
canciones de metro en una guitarra acústica
sin formación musical ni monedas en el sombrero.

Profesores con depresión,
niños llorando en el psicólogo,
enfermos terminales en una cama mal hecha,
películas de autocine sin público,
payasos sin maquillaje trabajando de funcionarios,
nieve en el wáter de la discoteca,
perros peleando por temor a un palo,
policías traficando con armas,
abogados buscando en la basura.


Callejones sin salida en una autopista,
carne quemada en un vagón de tren,
botellas estrelladas en nucas de veinteañeros,
carga policial en manifestaciones homosexuales,
riñones a precio de televisores LCD
y LSD a precio de mamada.
Esposas haciendo cola en el juzgado,
toros arrastrados por los cuernos entre insultos,
críos desnudos gritando en http://,
bombardeos sobre civiles,
guerra santa entre diablos,
inocentes en la cárcel escribiendo poesía en la pared,
asesinos firmando declaraciones de derechos,
2.8 niños muertos de hambre al minuto...

Don't worry,

Be happy.

sábado 7 de junio de 2008

-DESDE LA SEGUNDA FILA

A veces me siento en la segunda fila
a mirar como pasean perros y gatas por el escenario
sin pena ni gloria, como si lo hicieran por costumbre,
como una rutina, obligados, sin remedio.
Me pongo detrás de los más listos,
los que más cara pagaron la entrada,
pero vemos lo mismo,
perros y gatas paseando por el escenario
respirando hondo y pasándose la mano.

Lo más gracioso de todo son los gorriones afónicos
que se posan en la segunda cuerda del tendal,
igual que yo,
detrás de tus camisetas de zara y los calcetines a rayas.
Y se ríen... se ríen de ti,
parece que más que ríen, tosen,
pero ríen... todos lo saben,
y se ríen de ti,
de la panda de perros y gatas que se frotan en tu falda
esperando un cuenco de pienso industrial.

A veces me siento en la segunda fila
siguiendo de memoria horarios de barrio
y me pongo a soñar en algo,
sin prestar atención a esos desgraciados
que lo pasan bien gritando a las camareras,
porque a veces no hay más remedio.
Sentarme en la segunda fila
y quemar todos los papeles que nunca escribí,
precipitarme por una cuesta tibial
hasta un tobillo tatuado en falso,
y allí gritar hasta quedar afónico
como los gorriones del tendal,
y reirme luego de ti,
y de los perros,
y de las gatas del escenario.

Y después...

de mi.

Desde la segunda fila.

miércoles 4 de junio de 2008

-CONVERSACIONES CON EL SEÑOR DE LAS MOSCAS

Mi nombre es común, a decir verdad demasiado común. Hay un gran número de personas que se llaman como yo en éste país, por éso creo que es innecesario que diga cuál es. Podría ser cualquiera. Lo que sí creo más importante son las diferencias con los que se llaman como yo y también con el resto de la gente. Soy distinto, algunos dicen que repugnante y lo cierto es que no les falta razón. Soy la perfecta definición clínica de una enfermedad que aún no se ha descubierto.

Duermo en una tabla de madera que se descuelga de la pared con un par de cadenas oxidadas que se quejan cuando son movidas. Es una tabla recubierta por una sábana de algodón beige. Antes era blanca, cuando llegué aquí. Ahora tras tantos lavados quincenales con lejía fuerte, es beige. Las paredes de la estancia son de cemento duro y algo deteriorado, repleto de firmas, fechas y poesías de personas asquerosas y alguna que otra posiblemente inocente. En una esquina hay un wáter medio verdoso. También debió de ser blanco en algún tiempo, antes de que yo viniera aquí.

Odio ésta celda, ésta cárcel. La odio desde antes de entrar aquí, creo que desde antes de que siquiera supiera que existía. No sólo odio las cadenas de la cama, ni la sábana beige, ni los guardias que me aporrean cada vez que tengo pesadillas y grito sin darme cuenta. Lo que más odio sin duda alguna es la luz. Es luz solar que se filtra por entre los barrotes de una ventana tamaño Din-A4, con timidez, como si lo tuviera prohibido. Y es ésa timidez la que la convierte en una luz diferente a la que se ve ahí fuera.

Cuando entré aquí, me propuse llevar la cuenta de los días recluido. Perdí la cuenta en el 39 y comencé a tener sensaciones que nunca antes había sentido a partir del 23. Suena extraño, como una locura, y probablemente lo sea... pero es así. Primero sólo fueron un montón de moscas, como una docena o quizás menos, que se filtraban por las grietas de la pared y pululaban por la estancia, luego vinieron acompañadas de una voz masculina que susurraba mi nombre, requiriendo mi atención casi desesperadamente. Me esforzaba por ignorar ésa voz, como sino existiera y me negara a pensar que ya estaba delirante por la amarga soledad de tantos dias.

-"Sé que me oyes... tenemos que hablar...tenemos mucho tiempo para hacerlo...cuánto antes hablemos antes saldrás de aquí..."

Pero yo seguía susurrando..."no...eres sólo una demencia que parece real..." mientras el zumbido de las moscas se clavaba en mis oídos.

Tengo un psiquiatra asignado. Alguien que sigue mi evolución mental haciéndome una visita cada dos semanas. Se viste con un traje italiano con rayita diplomática. Parece un capo de la mafia más que un médico para locos, siempre se lo digo y él se limita a sonreír amistosamente. Cuando le comenté que cada vez que una docena de moscas entraba en mi celda oía una voz que sabía mi nombre y me pedía charlar, contestó que sólo era una reacción natural consecuencia de la falta de comunicación a la que me veía obligado por mi reclusión en la celda de aislamiento.

Quise creerle... con todas mis ganas. Pero la voz no se iba, y las moscas tampoco. A cada minuto me pedía un rato de conversación...Finalmente acepté. "qué quieres..."

-"No tienes buen aspecto" me decía.
-"No... ya lo sé"
-"He oído lo que dijo el médico, ¿crees que dice la verdad?"- sonaba increiblemente dulce... comprensivo, como si de verdad quisiera ayudarme.
-"No lo sé, me gustaría pensar que no estoy loco todavía"
-"Tranquilo... no lo estás. Todavía"- hasta me pareció oírle sollozar. Me gustaba mucho su voz, era preciosa.

Las conversaciones continuaron durante meses. El psiquiatra me preguntó en numerosas ocasiones por ello, pero me limité a decirle que no había vuelto a ver la docena de moscas zumbar a mi alrededor, y que tampoco había escuchado la voz masculina nuevamente, que efectivamente sólo debió de ser un resquicio de mi soledad. Una reacción natural cómo él la llamaba. Era mi secreto... nuestro secreto.

-"¿Cuánto tiempo llevo aquí?, perdí la cuenta el día 39. ¿lo sabe?"
-"¿Por qué me preguntas?"
-"Quiero saberlo señor... Nunca le he preguntado nada porque es lo que me ha pedido, pero... ¿tampoco puede decirme éso?"
- "No te hace falta saberlo. Yo, tan sólo satisfaceré una pregunta antes de irme. Cuando de verdad quieras que me vaya, formúlame tu pregunta. Algo que verdaderamente quieras saber. Luego me iré".

Yo no quería que se fuera... era mi amigo. El único que tenía, así que continuamos hablando algún tiempo más. Yo nunca preguntaba, siempre lo hacía él. Quería conocerme a fondo...

-"¿La echas de menos verdad?"
-"Cada día de mi vida..."
-"Pero sabes que no volverá, ¿cierto?"
-"Sí... yo la maté y no va a volver... nunca"

Sabía cosas que nunca había tenido valor de confesar a nadie. Como dije antes... era mi amigo.

-"Si pudieras valorar el momento más feliz de tu vida del uno al diez... ¿qué número le pondrías?"

Pensé qué responder detenidamente, me acordaba de los besos de ella, de sus abrazos, sus promesas de amor eterno y nuestro futuro programado... pero éso no fue el mejor momento de mi vida. Por mucho que me gustara aquello, lo mejor de todo fue ver su cuerpo en el baño, azulado y falto de oxígeno, con sus pupilas clavadas en las mías, inertes, sus uñas con restos de la sangre derramadas por los arañazos de mi rostro, y mis dedos nudosos desatándose de su cuello. Me encantaba la silueta que dejaron en tono rojizo y como habían temblado los azulejos con sus gritos.

-“Un 4" respondí finalmente.
-“Ahora dime…¿qué nota le pondrías al peor momento de tu vida?”

Vuelvo a pensar. Quiero responder pero no sabría por dónde empezar, toda mi vida ha sido el peor momento de mi vida desde que ella no está conmigo, con sus besos, abrazos, con sus promesas de amor eterno y nuestro futuro programado. Me gustaría volver a vivir aquella despedida, poder jugar a matarla cada día, como hicimos aquella vez, pero sin que ella muriera... para poder volver a hacerlo.

-“Un menos 5” respondo en voz baja.
- "¿Estás envejeciendo en la cárcel por un momento 4 que hizo de tu vida un menos 5?”
-"Sí... no sabe cuánto la echo de menos, señor"


Seguimos conversando unos días más, quizás cuatro, puede que incluso llegáramos a una semana desde aquella vez en que valoramos mi vida numéricamente, pero finalmente quise hacerle LA pregunta. Aquella que me había prometido contestar antes de irse, no quería quedarme sólo, pero era mejor que hablar con alguien que podría ser yo mismo, o puede que un espíritu que sólo yo puedo escuchar, como en esos thrillers norteamericanos de terror.

-"Quisiera hacerle la pregunta, no me da miedo quedarme solo... Pero necesito saber más"

-"Adelante"- lo dijo como sino le importara absolutamente nada irse para siempre como había asegurado hacer, me dió rabia sentir que no significo tanto para él como él para mi. Furia incluso.
-"Me gustaría saber quién es... su nombre al menos"
Me dio la sensación de que ya sabía que iba a preguntar antes de hacerlo; y con una voz vibrante y varios tonos más grave que la que me tenía acostumbrado a escuchar contestó:

-"Soy el Diablo"

Esa fue la última vez que volví a escuchar su dulce voz a mi lado. Las moscas no se fueron con él de la misma manera en que vinieron acompañándole. Se quedaron...puede que para observarme como diminutos espías ruidosos, o puede que fueran una especie de regalo, de ésos que se hacen para que nunca olvides quién te lo hizo.

Supongo que volveremos a encontrarnos.

Tal vez.

Según la Teología, el antiguo dios cananeo, Ba'al Zebûl (literalmente "el señor príncipe"), fue corrompido por Satanás hasta convertirse en uno de los demonios bajo su mandato, precisamente uno de los más fuertes y poderosos, que con un juego de palabras cambió su nombre por Baal Zabut, cuya traducción es "EL SEÑOR DE LAS MOSCAS" (actuamente se le conoce por Belcebú), término en el que me fundamenté para escribir éste breve relato.

martes 29 de abril de 2008

-ENTRE HAMBRE DE GAVIOTAS

Me miran las gaviotas
esperando peces recién pescados
que llevarse a casa,
mientras le buscaba el sentido
a esas cosas que nunca lo tuvieron,
como las guerras o los niños muertos.

Acechan
y observan
flotando las plumas viejas
y muriendo entre horas.
Me ven como un mal fiador,
un casero en mora,
un final triste
de una historia mal escrita.

Una bandada de gaviotas
que vuela
al unísono,
instruidas por la naturaleza
y el instinto,
como tú,
como yo.
Animales a instancia de los aunques
y con permiso de los animales.

Me miran las gaviotas
esperando peces recién pescados,
volando raso
y huyendo de los buitres gordos.
Y nosotros seguimos ajenos al mundo,
con ganas de subirnos a la parra
y quedarnos a dormir allí.

Me miran las gaviotas.

Y yo,
con el pico seco
de tanto escupirle al aire,
no tengo nada más
que un puñado de excusas
y los bolsillos llenos de ti.

lunes 21 de abril de 2008

-ESTAREMOS BAILANDO

Estaremos bailando
con los grilletes y las alas rotas
cuando dé mis poemas
de comer a los cerdos,
y nos amenacen los sabios
con etapas de vacas flacas
y perros rabiosos.

Se nos pudrirán las rosas
en el jarrón de falsa cerámica
que compramos por bueno,
y se quemarán sus cadáveres
a fuego lento en nuestras bocas.

Pero nosotros,
estaremos bailando.

Abrazados.

Con sogas en los brazos
y un te quiero en la mordaza
apagado...
como las colillas desperdiciadas
que agrian el agua de un cenicero.

sábado 19 de abril de 2008

-EN MITAD DE UN VERSO

Se nos cayó el trozo de cartón
donde apuntamos nuestras razones,
y perdimos con lo ganado
en mitad de un verso.
Allí donde nos vendimos a las ratas
por dos duros mal pagados.

Entre palabras cosidas a retazos
emborronamos las más bonitas
para comernos ésos piojos quemados
de tanto mirarte los rizos.

De vuelta a un corazón grabado a navaja
en el tronco de un sauce llorón
olvidamos anotar nuestros nombres,
y horneamos un pan hecho de las ortigas
que recogimos en nuestras gargantas.

Porque en mitad de un verso
es donde se sirven los mejores desconsuelos,
donde perdemos los papeles sin miedo
y donde se juegan lágrimas y risa a pares o nones.
En mitad de un verso
es donde quiero que grites mi nombre,
y que me encuentres también,
de pie,
de espaldas al punto y final.

Inspirado por el poema del mismo nombre de Gerardo Diego.

lunes 14 de abril de 2008

-EL POEMA MÁS TRISTE QUE HE LEÍDO

Me he sentado aquí,
en un suelo de madera carcomida
y de espaldas a un radiador estropeado.

Me he sentado aquí,
para escribir
el poema más triste que he leído.
Uno que hable de mi,
de ti,
y de mi sin ti.

Siempre quise leer el poema más triste,
pero nunca pensé protagonizarlo.
No quise imaginar que un día me daría cuenta
de que no te quise tanto como dije,
ni tú tampoco,
o tal vez si...
nunca debí mentir al pensar de verdad.

Hoy para variar no lo haré,
por éso hoy el poema es triste.
Porque hoy no inventaré un amor,
ni un beso,
ni una despedida,
hoy hablo de mi,
hoy describo las heridas abiertas
de un corazón salado
que firmaste con los ojos cerrados.

Si te falto al respeto,
perdóname.
Pero deja que me invente de nuevo,
no como un perro ladrándote,
no como un sobre sin remite en una botella naúfraga.
Y déjame inventarte a ti también,
no como una broma pesada,
no como una princesa corta de falda.

Porque hoy estoy aquí sentado,
con un ratoncito picándome la suela del zapato,
en un suelo sembrado de moscas muertas
y con los huesos oxidados,
de sudar el salitre de tus ojos.

Porque hoy me he sentado
frente al poema más triste que he leído.

Y me observa con el ceño fruncido,
y me baja la mirada,
y le grito,
pero me susurra...
y me calla.

Un poema triste
que nunca debí empezar.

sábado 12 de abril de 2008

-TRAS UNA PEQUEÑA MENTIRA

La comida caliente en la mesa. En un plato que su madre nos regaló para la boda. Es de los pocos que aún quedan enteros. Las grecas de flores que lo decoran ya están descoloridas de los arañazos de los cuchillos a lo largo de éstos catorce años juntos
Hoy le hice arroz a la cubana. Con un par de huevos fritos. Como a él le gusta.

Yo ya comí. Sola. Un poco de ensalada nada más, con un yogurt de postre. No tenía hambre. Y cuando él llegue aún tendré menos. Por eso comí sola.
Son las 2.37 p.m, se está retrasando un poco. Justo en cuanto pensé eso, se oyó la llave en la cerradura de la puerta.

- Mujer! Ya estoy en casa. Vengo muerto de hambre.
- Aquí te he dejado un arroz con dos huevos fritos, como a ti te gusta.
- Bien.

No se ha lavado las manos. Nunca lo hace. Prefiero hacer como que no he visto las manchas de grasa de sus manos. Trabajar en un taller obliga a coger objetos muy sucios. Pero con un aclarón de manguera se da por limpio.

- Joder! Está frío. Cuántas veces te he dicho que quiero la comida caliente! Menuda mierda!
- Lo siento…te esperaba unos diez minutos antes, así que lo serví…

Ya ha empezado de nuevo. Cualquier excusa es buena. Hoy fue el arroz destemplado. La semana pasada fue que le entregué con un día de retraso la revista de caza que cada mes envían a casa. No importa lo que sea. Cualquier excusa es suficiente.

- Mierda!!

Con un rugido coge el plato en su mano musculosa y nudosa.

No me lo puedo creer, pero con el tiempo aprendí a ser crédula. Ha estrellado el plato contra la pared. No es la primera vez.

- Ésos platos nos los regaló tu madre el día que nos casamos!!
- Sois iguales! Iguales me oyes?!! A ella no le podía decir nada, porque mi padre me cruzaría la cara. Pero a ti si puedo, porque tú eres mía.

Me agarra del pelo. Es rizado y rubio. Cuando nos casamos decía que era lo más bonito que había visto.
Un golpe en el ojo derecho, y otro en el pómulo.
Chillo. Pero es inútil.

- No grites!! Los vecinos van a creer que te estoy matando!!
- Aaaaaaaa!!!!
- Que no grites joder!!!

Me ha explotado la boca con la jarra de agua. La sangre se mezcla con ella en el charco del suelo.

- ¿Te vas a callar?
- Si…lo siento.
- Así me gusta. Ahora recoge éste montón de escombros y lávate la cara. Yo me voy al bar a comer algo, que Maribel sí que sabe cocinar.

Vuelvo a oír la cerradura de la puerta, y a sus pasos alejarse.

Maribel es la cocinera del bar de su amigo. Tiene 30 y pocos años. Se la está tirando. Incluso la trae a casa, y se la folla en nuestra cama de matrimonio. Le da igual que yo esté en casa. Me manda ir al salón a ver la tele mientras les oigo gemir a lo lejos.

Me recojo en el suelo, en la esquina de la despensa. Sangrando por la boca y sin poder abrir el ojo derecho, y rompo a llorar. Tiene razón… debería haber dejado el plato en el microondas hasta que él llegara. La culpa es mía. No soy una buena esposa.

- Mamá! Que te ha pasado?
- Johnattan!! Cuántas veces te he dicho que cuando oigas a papá gritar no salgas de la habitación?
- Pero mamá! Si te hice caso! Salí cuando te oí llorar.
- A tu habitación ahora mismo johny.
- Estás sangrando!
- No cielo, no estoy sangrando. Vete a hacer los deberes.
- Mamá!
- Ahora johny!!
- Vale…

Tiene 6 años. Cuando le veo no puedo evitar acordarme de su padre. Se empeñó en ponerle su mismo nombre. No me opuse porque me aseguró que yo podría escoger el nombre de nuestro segundo hijo. Lo hice por amor. Pero nunca llegó ese segundo hijo.

Corto la hemorragia de mi labio y luego recojo los cristales del suelo y con la fregona el charco mezcla de sangre y agua.

Enciendo la tele de la cocina, dejo puesto el culebrón. No sé porque soy tan aficionada a las telenovelas, supongo que porque en ellas veo hombres que hacen cualquier cosa con amor. A veces ocurre eso. La gente busca en otra gente lo que ellos mismos no tienen ni pueden conseguir. Por ello las pelis de amor son de las más exitosas. Todos necesitamos historias de desconocidos para sobrevivir a las nuestras.

- Mujer!!!!

Me he quedado dormida en la cocina, con la televisión encendida. Ya son las 8.30 de la tarde. La apago y finjo llevar despierta un rato esperándole.

- ¿Estás ahí?

No parece estar enfadado. Ésos son los peores momentos, en los que no está enfadado.

- Sí. Estoy aquí. Necesitas algo?
- Sí, a ti. Ahora. Me has echado de menos?

Acerca su rostro mal afeitado y gordo a mi cara, huele a alcohol, se ha pasado con los vinos de después de la comida y seguro que siguió la ruta con sus compañeros de trabajo.

- Sí Johnattan. Te estaba esperando.
- Ésa es mi chica! Venga. Pasémoslo bien, como en los viejos tiempos.

Ya sé que quiere decir… está borracho y hoy no debió de tirarse a Maribel. Hoy me toca a mi.

- Chúpamela nena. Hace tiempo que no lo haces!
- No Johnattan. Que pasa. Hoy no has visto a Maribel?
- Jaja. Ésa zorra. La chupa bien, pero ya sabes que tú eres mi preferida, por eso me casé contigo!
- Porque la chupaba bien?
- No cariño. Porque te quiero.
- Gracias….yo a ti también.
- Venga! Ahora chúpamela.

Creo que no me queda más remedio… o me golpeará de nuevo.
Pero está tan borracho que ni siquiera se le levanta.

- Johnattan…
- Mierda!! siempre lo mismo!! Es por tu culpa. Desde que nació ese cabrón de johnny y se te cayeron las tetas ya no me pones.

Le subo la cremallera. Con ganas de llorar de nuevo.

- Por qué me haces esto? Dime Johnattan!! Yo me casé contigo porque te gustaba mi pelo rizado. Porque decías que necesitabas mi risa a tu lado toda la vida, porque querías envejecer conmigo. Me prometiste que nunca dejarías que me pasara nada!.
- Y no te pasa nada!! Desde que estoy contigo no he dejado que nadie te haga daño!!
- Es que no te das cuenta de que eres tú el único que me hace sufrir! Eres tú de quién necesito protejerme!!
- Qué coño estás diciendo!!! Estás borracha?
- No Johnattan, estoy muerta en vida desde que estás en mi vida!
- Tú te lo has buscado!!!!

Me volvió a golpear. Con la mano abierta, del revés. En el ojo derecho. El mismo que antes me dejó morado.

- Deja de gritar!!!
- Johnattan, ya basta!!
- Que dejes de gritar!!

Repitió la acción. Por los dos lados de la mano. Por los dos lados de la cara. Acabé en el suelo de la cocina. Frío.

- Ahora sí que me estoy poniendo cachondo!!

Estaba contento. Ahora sí se había excitado y estaba erecto. Al final lo consiguió…

Yo perdí el conocimiento a la cuarta penetración.

Me desperté en el hospital. Rodeada de policías vestidos de paisano que al parecer fueron alertados por los vecinos.

- Buenos días señora.
- Cuánto tiempo llevo aquí?
- Ha dormido toda la noche. No se preocupe. Estamos aquí para ayudarle.
- Johnny dónde está?
- Tranquilícese. Su hijo está fuera, con la psicóloga.
- Y mi marido?
- Está bajo disposición policial por motivos preventivos. Tenemos algunas preguntas. ¿Puede atendernos?
- Adelante.
- Bien, gracias. Era la primera vez que abusaba de usted?
- 16 años. Desde el 14 de marzo de 1991.
- 16 años? Sino tengo mal entendido llevan 14 años casados.
- Sí. La primera vez que abusó de mi fue el día 14 de Marzo de 1991. Fue en una playa del Sur, sentados en las rocas. A las 2 de la madrugada, con luna creciente.
- Y qué le hizo en ése primer abuso?
- Me dijo “ te quiero”.


Y le creí.

viernes 11 de abril de 2008

-TEEN SPIRIT

Nosotros,
pusimos de modalas botas flojas
y las sonrisas tontas.
Escribimos en la pared
dos estrofas de Kurt
que nos hicieron enloquecer,
y le buscamos las cosquillas al peligro,
como si fuera lo más divertido del mundo.

Jugábamos a poner de oferta corazones,
a lamerle el culo a un patrón enfermo.
Violábamos cuentos de dandies
y levantábamos la falda a Julietas refinadas.

Como animales carroñeros
a la entrada de la discoteca,
corbatas de seda con guantes de blanco,
el BMW a la puerta,
un matón en la trastienda,
rodeados de teléfonos de cabina
que sonaban tristes en un andén.

Y nosotros abusando de excesos
en la pista de baile.
Haciendo equilibrios en rayas de billetes,
mirándonos a los ojos y cayendo rodando
por laderas y praderas de colores fuertes.

Con las pupilas dilatadas
y los nervios bajo cero,
riéndole las gracias a una chica barata
que nos hizo descuento
por invitarla a un pico.

Y vimos resoplar a un adolescente
como si se hubiera convertido
en el puto caballo que se metió,
pero no se nos ocurrió nada mejor
que darle unas palmadas en la espalda.

domingo 6 de abril de 2008

-SIEMPRE FUISTE COMPLICADA

Un gatillo mal ajustado
en un revólver juguetón.
Una historia difícil de entender,
con mucho nudo y poco desenlace.

La grasa que ensucia el cobre,
una tierra mal tratada,
la soledad que me acompaña al estar contigo,
el ruido de las puertas mal cerradas.

Una excusa mal pensada,
una vida mal gastada,
un movimiento engañoso,
unos ojos tristes
con luces al fondo del mar.

Decías que eras así,
que no ibas a cambiar
y menos por mi.

Dije que lo entendía,
que no importaba.

Y volví a mentir.

Eras un perro en huesos
con ésos labios caídos por las comisuras
que tanto me gustaban.

Siempre fuiste complicada,
como explicarle a un niño su origen,
como cruzar los brazos ante los problemas,
como apagar la última colilla
o beber el último trago.

Eras la parábola del mal samaritano,
la muerte con las botas puestas,
la risa del payaso mal pagado
y la pena de mis poemas.

sábado 5 de abril de 2008

-AÚN NOS QUEDA MUCHO POR HACER

Tener que recuperar
el tiempo perdido y el ganado,
aguantar tus chillidos cuando te enfades.
Escupir la rabia en un papel mal cosido,
salir corriendo por la puerta de atrás
mientras la policía pregunta por nosotros.

Intentar ser lo que somos
como si fuera lo mejor que tienes,
decirle buenos días a tu enemigo
con la sonrisa más bonita
pero con furia contenida entre los dientes,
enseñar al loro a decir groserías
y a tu perro a cagar en macetas.

Hablar de la vida
y de la muerte,
del amor,
de la soledad
y de la poesía,
como si fueran
lo más normal del mundo.

Poder contarle a tu voz,
que escribí un poema de amor
por culpa de tu cintura,
y que me da vergüenza releerlo.
Susurrarte al oído un te quiero,
o gritar hasta mañana, por la noche,
creyendo que mañana llegará
como llegan las cosas que a nadie importan.

Sentarse en el columpio
como cuando éramos niños,
y allí madurar pensando en nosotros.
Anochecer desnudos en la playa,
pasear de la mano por los barrios de ricos,
esconder palabras en la trastienda del corazón
para derramarlas cuando sea el momento adecuado.

Extrañarnos cuando pensemos en blanco,
cerrar los puños al llorar de añoranza,
quemar la cama a besos
y derretir la pintura de las paredes,
cantarle November Rain a la Luna,
y que nos encarcele
por amarnos con predemitación y alevosía.

viernes 4 de abril de 2008

-CONOCERTE

Conocerte es un nudo en la lengua,
es sentir las espuelas en el costillar,
es ponerse una corona de espinas
y salir corriendo al toser.

Conocerte es un pozo de miel,
es un periquito enfermo
que grita tu nombre en la jaula.
Conocerte es ambientar con sudor
y querer por querer.

Conocerte es como silbar sin saber,
como decir la verdad al mentir.
Es un soplo de invierno que trae calor,
conocerte es escupir redes de alambre,
es llenar de moscas el salón
y bailar abrazados sin prisa.

Conocerte es desafinarme el corazón,
es tirotear al espantapájaros,
es insultar al viento.
Conocerte es saber pedir perdón,
es destilar mi saliva en tu boca.

Conocerte es entender a las mariposas
y escuchar a la vida respirar,
conocerte es coserme la boca con tus piernas,
dormir con los ojos abiertos
y despertar pensando en ti.
Conocerte,
es escribir te quiero
al terminar un poema.

viernes 28 de marzo de 2008

- UNA BUENA NOCHE

Tengo muchos días así. Duros. Lo raro es que en ésta ocasión no fue en el trabajo. Me he tomado una semana libre. La he pasado en casa. Durmiendo. Comiendo. Escribiendo. Y sin embargo estoy agotado.
He decidido salir a tomar algo. Solo. Es como mejor se bebe. Solo. Pensando en mi. En mi vida. En lo que me sucederá mañana. En el humor que tendrá el jefe. En los incentivos que seguramente no serán muy extensos.

-Camarero. Otra cerveza por favor. Y anda… que esté más fría que ésta.
-Si señor. Ahora mismo.

Pobre miserable. Tiene pinta de ser sudamericano. Pero no por ello es miserable. Lo es porque no somos muy diferentes. El también tiene un jefe cabrón. Le grita desde el fondo del bar.

- Oye!!! No te veo ágil hoy pedazo de mierda!!! lavaste los baños?
- No señor.
-“No señor”? me cago en tu raza. ¿En ecuador no os enseñan nada? Corre y no te quedes mirando!!

Odio a ése tipo. Le trata como si de verdad fuera una mierda. Yo pedí una cerveza más fría con cierto aire de ternura. Quizás compasión. Pero trato de ser agradable. Y él me sonrió. Pude percibir que agradecía un poco de trato humano.

- Aquí tiene su cerveza señor. La serví en ésta copa helada para que sea más de su agrado.
- Gracias chico. Dime. ¿Llevas mucho trabajando aquí?
- Dos meses señor.
- Madre mía! Dos meses? Yo no habría aguantado tanto con un jefe así…
- Ya…pero es de los pocos que acceden a dar trabajo a un sinpapeles.

- Pedazo de mierda!!! deja en paz a los clientes y limpia los baños que estoy meándome y quiero verlo bien limpio!!! No quiero acercar mi polla a un wáter sucio!!!

Era su jefe de fondo gritando, sentado viendo el partido de fútbol de la televisión.

- Vaya con el jefecito…no te da un respiro ¿verdad? - le digo esbozando una sonrisa.
- No señor…he de irme. A los baños, ya sabe.
- Claro. Ve chico.

Le veo alejarse con la fregona en el brazo y se mete en el servicio masculino. Tiene miedo a su jefe. Mejor dicho. A quedarse sin esa basura de trabajo. Es una basura. Pero es SU trabajo.
Le doy un trago a mi cerveza. Sabe muy bien. Y la copa helada es un acierto. Le dejaré una buena propina.
Oigo unos pasos acercándose al mostrador, dónde yo estoy bebiendo. Es su jefe. Más bajo de lo que parecía sentado. Rechoncho. Con un diminuto bigote similar al de Hitler pero sin perfilar. Una vieja camisa de cuadros roja. Me recuerda al típico camionero de burdel de carretera de las películas de serie B norteamericanas, sólo le falta la gorra de visera.
Ha ido a coger algo en su abrigo, al otro lado de la barra. Mientras urga me mira desafiante. Le observo de la única manera que sé observar a alguien así. Enfadado.

- ¿Qué miras gilipollas?- me grita con un gesto de desprecio.
No le respondo. Saca unos papeles del bolsillo de su chaqueta, debía de ser lo que estaba buscando. Se arrima a la barra frente a mi. Es lo único que nos separa. La barra.
- ¿Te estaba molestando el sureño?
- No. Yo le hablé primero.
- Ah ¿si? ¿Y quién coño eres tú para distraer a mis empleados?
- Un cliente.
- Jaja. Un cliente. ¿crees que soy de los que respetan a sus clientes? Para mi no sois más que estiércol del que saco dinero.

Le huele a alcohol el aliento. Pero no está borracho.

- No contestas jaja. Eres muy callado no?

Sigo sin responderle. El camarero ecuatoriano sale del baño. Y mira la escena con atención y la fregona húmeda colgando de su brazo.

- ya está señor. Ya tiene el baño limpio- Me mira con cara de susto, como si percibiera que su jefe me estaba importunando.
- Muy bien pedazo de mierda. Lo único que lamento es no haber conocido antes al idiota de tu amiguito el mudo. Para que lo limpiara con la lengua que parece que la usa poco.

Sigo sin responder. Miro mi cerveza con pasividad, todo sea por no matar a ese cabrón.

Se aleja y se mete en el baño. A mear dónde el camarero acababa de limpiar.

Apuro mi vaso. No quiero verle la cara otra vez a ése hombre y aguantar sus comentarios ofensivos.

- Disculpe a mi jefe señor. Es algo rudo.
- Rudo?
- Si… ya sabe. Rudo. Brusco. Con pocos modales.
- Ya se que significa rudo. Pero me parece muy suave el adjetivo para él.

El chico se ríe. No debe de tener más de 25 años.

-Mira- le digo - Mañana tengo día libre y no tengo compromisos. ¿Qué te parece si nos vamos de copas tú y yo ésta noche? A pasarlo bien y conocer a un par de buenas mujeres.
- Gracias señor. Se lo agradezco de corazón. Pero trabajo hasta las 6 de la mañana.
- ¿Cuánto te paga?
- Un euro la hora.
- ¿Qué?
- Un euro la hora.
- Si. Te había oído. Era a modo de sorpresa.
- Ah! Lo siento.
- ¡Coño! No te disculpes muchacho. ¿Cómo te llamas?
- Félix
- Félix. No es necesario que te disculpes.
- Gracias.
- Jaja. Tampoco es necesario que des las gracias.

Me vuelve a sonreír tímidamente. Pobre muchacho. Está algo asustado.

- Pedazo de mierda!!!! qué coño es esto!!! ¿Es lo que entendéis por limpio en ecuador? Hijo de puta! Te mataré!!! Con razón tenéis la piel tan sucia siempre. Pedazo de mierda!!!!

El gordo del jefe sale del baño abrochándose el cinturón. Tiene los ojos inyectados en sangre.

- Ven aquí! Hay meado fuera del wáter!!.
- Lo siento señor… no lo debí de ver.
- Mierda! ¿que no lo viste? Si parece que haya meado un elefante!
- Ahora mismo lo limpio jefe.

Félix coge de nuevo la fregona y se aproxima al baño. Pero al pasar al lado del dueño éste le abofetea en la nuca con fuerza. Tanta que Félix cae al suelo. No es muy fuerte, apenas un metro setenta. Y el jefe es muy corpulento para él.


Félix se incorporaba, pero le propinó una patada en el costillar que le hizo gritar.
No aguanté más. Me levanto de mi taburete y le incrusto la bota en el culo al gordo.
Le di con fuerza. Se tambaleó como un mono borracho.

- ¿Qué coño se supone que haces? ¿Estás enamorado del pedazo de mierda?!!!
- Deja de llamarle así o te mato aquí mismo.
- Ah ¿si? Vaya. Ahora que sé que es marica le llamaré así, marica, ¿qué te parece?

Levantó un brazo para darme un puñetazo con la derecha. Pero le fue inútil. Soy bueno peleando. De pequeño mi madre me llevó a boxeo y mis reflejos se agudizaron. Esquivé su directo y le estrellé uno en la nariz.

-Mierda! Mierda! Me has roto la nariz maricón!

Se estaba incorporando cuando Félix estrelló mi vaso de cerveza cerca de la nuca de su jefe, que cayó inconsciente en la madera del suelo.

Todo había pasado. Había un sepulcral silencio molesto. Dos clientes al otro lado de la barra nos miraban asustados con sus botellas en la mano. Sonaba de fondo el partido de fútbol de la tele.

“Gol del Bayern!! Gol gol goooooooooooooooooooooooooooool”

Miré al camarero. Estaba sumamente asustado. No sabía que hacer. Posiblemente aún estuviera valorando los desperfectos, lo que iba a perder. Las consecuencias de la trifulca.

- Bueno. Félix, creo que a partir de ahora estás despedido- le digo sonriendo.
- Si… ay! Dios mío. Que voy a hacer señor? He matado a mi jefe.
- No le has matado. Sólo le has dejado K.O. Luego se despertará y no sabrá quién le ha dado. Ahora vámonos de aquí. Los viejos del otro lado de la barra no tardarán en llamar a la policía.

Félix entró en la trastienda corriendo. A los cuatro segundos salió con una cazadora de plumas puesta.

- ¿Y dónde vamos? -Me pregunta nervioso. Le tiemblan las manos.
- A tomar unas copas ¿no? Y a ver si conocemos unas buenas mujeres.
- ¿Como? No quiero salir de fiesta ahora.
- ¿Por qué?
- Acabo de matar a mi jefe. Mire. No se mueve!!!

Félix estaba exagerando. Pero me arrimé al cuerpo inerte del gordo para tomarle el pulso y tranquilizar al sureño.

Me quedé helado…no notaba palpitaciones bajo mis dedos. Tampoco respiraba. Verdaderamente, Félix y yo habíamos matado a aquel hombre.
Oímos un ruido tras nosotros, eran las puertas del local. Los dos viejos del final de la barra habían intuído por mi expresión qué ocurría y habían huído. Quizás en busca de ayuda. O puede que simplemente hayan querido desaparecer.

-¿Qué pasa? Dígame que pasa!!! Por qué ha puesto esa cara de susto!! ¿Está muerto?
- Escúchame Félix. Está vivo. Sólo inconsciente. Tranquilízate. Ahora vamos a irnos de aquí. A relajarnos tomando unas copas. Y a reírnos con dos mujeres guapas acompañándonos ¿vale? Luego podremos irnos a dormir.
-Yo vivo aquí! En el bar! No tengo dónde ir.

Pobre desgraciado…

-De acuerdo. Entonces puedes quedarte en mi casa unos días. Y mañana a primera hora iremos a buscar un trabajo para ti ¿si? Seguro que encontramos algo.
- ¿Seguro?- estaba medio sollozando.
- Sí Félix. Sí. Vámonos. Tengo fuera el coche.

Nos fuimos del local de forma apresurada. En el coche hablamos largo rato. Incluso tras haber aparcado frente a un night club dónde pasaríamos la noche. Descubrí que el chico estaba sólo en el mundo. No tenía familia. Sólo se tenía a él. Y a su trabajo. Tenía un poco de dinero ahorrado. Era un tesoro para él. Pero para cualquier hombre habría sido una basura. Se lo gastaría en una cena de fin de semana.

Emigró de su país en busca de una oportunidad. Y sólo se topó con un gordo que según me contó le maltrataba a menudo, y que le pagaba una miseria.

Ésa noche lo pasamos bien. Pero Félix bebió más de la cuenta y quedó tirado en la cama de su puta.
- ¿Qué le pasó?
- Se quedó dormido antes de follar. Estaba demasiado borracho.- me contestó la mujer. Era rubia. Guapa. De unos 40 años. La miré a los ojos y bajó la mirada. No estaba acostumbrada a que la miraran ahí.

- En el fondo no somos tan distintos…
-¿Qué quieres decir?
- Me refería al chico. Los dos tenemos jefes cabrones. Los dos bebemos demasiado.
- Mira, me da igual a lo que os dediquéis tu amigo y tú. Pero yo quiero mi dinero y que os larguéis.

Le pagué la parte de Félix. Aunque no la había consumido. Me lo cargué al hombro y nos fuimos. Le dejé en un portal de viviendas, tirado y borracho. Llamé de manera anónima a una ambulancia.

Me fui a casa y dormí.

El lunes volví al trabajo. Estaban Mike, Ross, Alice… todos los de siempre. Nada había cambiado.
En el descanso para la comida leí en el periódico que un joven ecuatoriano había asesinado a sangre fría a su jefe “Le atacó a traición, explotó una jarra de cerveza en la nuca del humilde hostelero de la periferia”. Además añadía que probablemente hubiera manifestaciones en contra de la inmigración ilegal, que ya van demasiados asesinatos de nacionales a manos de extranjeros en nuestro país.

Me sonreí. Soy un cobarde, pero al menos Félix y yo pasamos una buena noche.

- DOS BARREÑOS SUCIOS

Somos dos barreños de agua sucia
que los niños callejeros
con mocos secos en las mejillas,
patean para ver temblar.

De puntillas se van corriendo,
como si no hubieran hecho nada.
Mientras nosotros como flanes acojonados
sólo nos tenemos el uno al otro.
Y queremos temblar más fuerte,
para que algún espaviento desprevenido
haga rozar nuestras pieles de madera.

Y entonces nos miraremos con miedo,
como si nos arrepintiéramos de ello,
pero esperando otra patada que nos acerque.

Entre nosotros lloverán botellas rotas,
algún borracho meará silbando rock'n'roll
y la vida nos enseñará su lado más feo.

Pero eso no importará.

Porque somos dos barreños de agua sucia
esperando las patadas de mocosos celosos
para encontrarnos en un temblor,
que haga rozar nuestras pieles de madera
y enconger nuestras entrañas
repletas de más amor aún que mierda.

Somos dos barreños de agua sucia
en un callejón infestado de ratas
y cerdos con dientes largos,

Pero aún así

...nos queremos.

Y no hay lluvia de botellas rotas,
ni borrachos meando,
ni vida de nones
ni imberbes sorbiéndose los mocos
que puedan contra eso.

jueves 27 de marzo de 2008

-LUTO Y NICOTINA

Me encontraba cansado. Tremendamente cansado. Los ojos dibujaban movimientos lentos de un lado al otro mientras luchaban por no sucumbir bajo unos párpados que cada vez pesaban más. Los brazos estaban triturados, con agujetas punzantes que se clavaban como clavos en la madera podrida. Tenía las plantas de los pies seguramente abiertas y las rodillas me escocían de aguantar el peso de mi cuerpo durante tantas horas, durante tantos días sin dormir. Necesitaba una ducha. No un baño. Una ducha. En un baño podría dormirme mientras estaba echado y matarme ahogado. Y eso no quería hacerlo. Al menos no hoy. Ya habría tiempo para eso.

Me costaba introducir la llave en la cerradura del portal. Al cuarto intentó acerté. Giré. Y se abrió con un ruido sordo.
Casi me quedo dormido en el ascensor. Cuatro pisos son pocos. Pero todo es relativo. Y a mi en ésta ocasión me parecieron demasiados. La espera en el ascensor fue enterna. La puerta de mi casa se resistió menos que la del portal. Gracias a Dios… no habría soportado otros cuatro intentos.
Pensé en meterme en la ducha con la ropa aún puesta. No tenía ganas ni para desvestirme. pero lo pensé mejor, no quería encharcar la casa. Me quité el abrigo y la camisa. Las dejé encima de la cama. Me senté en ella para quitarme los calcetines. Es lo último que recuerdo.

Lo siguiente es que estaba en el suelo. A la derecha de mi nido, con la greca de la alfombra tatuada a relieve en mi costillar. La cama aún deshecha desde hacía dos semanas. Tenía puesto el pantalón y un calcetín. Me sentí como una mierda. Ya era de día y la luz se colaba por entre las fibras de una cortina que debería meter a la lavadora. Huele a tabaco. A un tabaco negro y asesino que no se conforma con destrozarme los pulmones día tras día, sino que se queda a dormir en la cortina. Y en la colcha de la cama. Y entre las juntas del parqué. Es imposible deshacerse de ése olor.

Mi madre era una fumadora empedernida. Siempre me dijo que era malo. Pero lo hacía a cada rato.

Cuando tenía 9 años. Estábamos en un bar con sus amigas, y con los hijos de sus amigas. Bueno. Ella las llamaba amigas. A mí siempre me parecieron unas arpías con los labios mal pintados y las bragas demasiado gruesas. Sus hijos no eran mis amigos. Eran sólo los hijos de unas arpías.

Me gustaba la forma del humo que salía de los labios de mi madre. Me gustaba su pose al fumar. Como jugaba con la ceniza que colgaba del extremo. Como se partía en pedazos en el cenicero.

-Me das un poco mamá?
-Si. Toma. Saborea el humo, tienes que tragártelo.

Así lo hice.

Y me puse a toser como un viejo cuando un imberbe le pega un puñetazo en la tripa sólo para que otro imberbe lo grabe con el móvil y colgarlo de internet.

Ella se echó a reír.


-Eso es lo que tu abuelo debería haber hecho conmigo cuando tenía tu edad. Tenía prohibido el tabaco para sus hijos. Y tal curiosidad tuve que cuando lo probé de mayor me enganché. ¿Te ha gustado?
-No- le respondí.

Ella volvió a reírse satisfecha. Y la banda de arpías la siguieron a coro.

Yo las odiaba.

-Me alegro hijo, me alegro. Espero que recuerdes esto siempre. Y que nunca seas fumador.

Le había mentido. Lo hacía cada día. Cada hora. Siempre mentía. Me había gustado como sabía. Y más aún como mi cuerpo había rechazado el humo. Me hizo enfurecer. Quería vengarme. Me prometí que de mayor sería capaz de fumarme 100 cigarros, de matarlos bajo mis labios, sin toser ni una sola vez.

Y así lo hice.

Ahora soy un fumador constante. Mi madre era buena madre, pero no lo suficiente. No para un mal hijo como yo. Nunca debió de haberme dado esa calada.

-Mamá. ¿Me das un trago de la cerveza?
-Claro. Toma.

Lo hacía por mi bien. Creyó que le diría de nuevo que no me había gustado, y así me vería lejos del alcohol también.

Lo escupí.

-¿No te gusta hijo?
-No.

Volví a mentirle.

Y las arpías se rieron aún más fuerte que el día del cigarro.

Con 12 años fumaba a escondidas en la ventana del baño y bebía vino tinto de la bodega de mi padre.

Nunca lo supieron. Y es mejor así. Para ella sigo siendo un buen tipo. Sano. Inteligente.

Ahora mi padre conversa con los gusanos de un sucio cementerio a las afueras de la ciudad, y mi madre es la única que aún vive de la panda de arpías. Mejor dicho: La única que sobrevive. Tiene que hacerlo en una residencia que ella detesta. Yo también la detesto. Pero no tengo dinero suficiente como para traerla a mi casa. Ni tampoco tiempo. Paso el día manejando ésa máquina demoníaca de la central metalúrgica que me da de comer. Llego de noche a casa, sin fuerzas para abrir la puerta, ni para desvestirme antes de ducharme.
Además. No le gustaría saber que fumo. Ni que bebo.

De vez en cuando voy a verla. Le llevo flores, azucenas, sus preferidas.

-Hueles a tabaco hijo-solía decirme.
-Si mamá. Vengo del bar. Allí la gente fuma demasiado. Lo odio.
-Bien. Estoy orgullosa de ti.

Me quito el calcetín que aún conservaba puesto. El pantalón. El calzoncillo. Me ducho. Me seco. Me echo en la cama. Enciendo un cigarro. Lo apago en el cabecero. Me visto con ropa arrugada pero limpia.

Suena en teléfono.

-¿Diga?
-¿Señor Álvarez?
- Si. ¿Quién es?
-Soy Ann. Trabajo en la residencia para la tercera edad.
-Si. ¿Sucedió algo?
-Tu madre… ha fallecido.
-¿Cuando?
-Hace media hora.

Colgué el teléfono.

La buena de Ann sonaba como si contuviera las lágrimas. Y la dejé con la palabra en la boca. Hice bien. Ella tendrá otro viejo del que cuidar cobrando una paga. Yo no. Además…no era su madre.

Me había estado duchando pensando en mi madre, mientras ella se moría en un residencia de paredes desconchadas y rodeada de esos viejos que tanto detestaba. Seguramente fue por el cáncer de pulmón que sufría.

Nunca le dije que fue buena madre.

Tampoco que fui un mal hijo. Ni que yo también tengo quistes en el pulmón.

Tengo que dejar de fumar algún día. Por ella. De momento iré a comprar azucenas. Sus preferidas. Y las dejaré entre su tumba y la de mi padre. A él le llevaré un cigarro. Estaba orgulloso de ellos y le gustaban más que las azucenas. A mi no. Ni a mi madre.

-JUSTO EN EL END

Con la sangre bajo cero,
y el cerebro cargado
de balas cabeza hueca
con un rumbo desinteresado,
se encuentra éste loco
con pensamientos acelerados,
y ganas de cumplir promesas
que murieron hace tiempo.

Quizás deprimido a ratos,
o puede que simplemente algo preocupado
por algo que no sabe ni de qué va,
ni adónde se supone que llegará.

No hagas caso de los poetas
que te prometen el cielo...
a todos nos queda demasiado lejos
como para hacerlo realidad.
Si hay algo que te sobra,
son limpiadores de oídos,
de ésos que aunque rechaces
con la sonrisa más bonita...
tanto te gusta ver babeando.

Escucho tacones pisando con fuerza
que me siguen por la vida,
pero ya ni siquiera me importa.
Las sombras de tu silueta
me dicen que ya no hay nada que hacer,
que olvide el barrizal de tus palabras
y que salga corriendo cuesta abajo,
que es más fácil caer que subir.

Y te huelo...
te huelo en mi almohada
cómo si todavía durmieras aquí.
Debería cambiar las sábanas,
sí.
Debería,
pero me da tanta pena...

Tanta pena reconocer que todo se acabó,
que la sangre ahora me hierve,
que las balas cabeza hueca
encontraron un rumbo hacia mi,
que los pensamientos ya no son acelerados,
ni las promesas muertos vivientes.

martes 25 de marzo de 2008

- REFLEXIONES I

Ahora no sé porqué he cogido la máquina de escribir, porqué la he depositado en mi regazo y me he puesto a teclear. No tengo una historia en la cabeza, no tengo un poema preparado para salir de mi furioso, ni siquiera tengo un sentimiento dentro al que dar salida.

No sé que hago aquí sentado con los dedos acariciando ésta máquina y presionando sus teclas como un masaje contínuo y estúpido.
Simplemente me he sentado. Y me he puesto a escribir.

Estoy pensando en todo aquello que merece la pena, todo aquello por lo que un hombre mataría, por lo que alguien es capaz de vender su alma.
Y no sé me ocurre ni una sóla razón.

¿Tú? ¿Yo quizá? No… yo no valgo una lágrima. Ni una carta de despedida, ni una corona de flores con frases bonitas, ni siquiera un epitafio ingenioso.

Yo sólo… escribo.

Quizás haya alguien que me lea. Mal hecho. Sigo creyendo que soy una pérdida de tiempo y de dinero. Voy rodando por una colina que me lleva a no sé dónde. Me fío de una intuición poco agudizada, mejor dicho… un instinto. Y de la guadaña de una muerte que se afila entre mis vértebras, pero sin ningún tipo de prisa. Quizás esté condenado a morir joven. Como todos esos que se recuerdan como legendarios, como héroes. No…no quiero ser alguien así. Yo no quiero ser como Jesús, ni como Nino Bravo, ni como los mártires jesuitas. Yo quiero morir de viejo. Pero sin ser viejo, quiero ser anciano. Quiero ser un abuelito con nietos en las rodillas, con muchas mujeres que me recuerden. ¿Cómo? No lo sé. Supongo que me valdría con que me recuerden, aunque fuera mal. No quiero ser un viejo esperando a la salida de un colegio a aquellos niños que nadie va a recoger, con alguna locura en mente. No quiero beber coñac en un burdel. No quiero dormir en el banco de un parque, pero tampoco en una cama de lujo.

No sé dónde acabaré, ni cómo. Posiblemente sea ebrio de la curiosidad de qué habrá después. Lo cierto es que la muerte siempre me ha fascinado. Me gustaría matarme ahora mismo para ver que hay detrás…pero no habría vuelta atrás. Por eso no lo hago. Aunque a veces sienta que odio éste mundo, lo cierto es que aún tengo mucho que hacer, quizá sea demasiado…y probablemente no podré con todo. Pero al menos tengo que quedarme, a intentarlo. Es una pena. Tengo ganas de terminar…y apenas he empezado. Mejor respirar tranquilo… la curiosidad mató al gato, y justo después descubrió que no tiene siete vidas, que sencillamente el hombre le engañó.

La vida dicen que es un regalo. Y es de las pocas cosas en las que estoy de acuerdo con los demás. En la mayoría de asuntos estoy en contra. Es deprimente oírles hablar. “ todos los imbéciles tienen suerte” mentira… yo no. “ todos los hombres guapos están casados o tiene novia o son gays” o es otra mentira, o yo soy la excepción que confirma la regla. Pero no nos pongamos vanidosos. Como dije antes, valgo poco. Lo único que me ocurre es que creo que todos debemos vernos bellos, aún con nuestros defectos…pero eso es otra historia. No se puede pedir a todo el mundo que sea inteligente.
De momento aquí estoy, escribiendo sin pensarlo demasiado, y tú ahí… leyendo éstos delirios sin motivos convincentes, si has llegado hasta aquí deberías consultar a un profesional… está claro que no tienes bien algo en la mente. Piénsalo detenidamente, estás ahí leyendo lo que éste chiflado escribe. Puede que simplemente lo hagas por curiosidad, de ver dónde terminaré. Pero te lo adelanto, no acabo en ningún lado. Sólo me he sentado aquí, con la máquina en el regazo, a escribir. Cómo quién folla sin ganas en un matrimonio apagado. Quizás busco ensimismarme un rato. Puede que acabe de matar a un inocente a sangre fría y esté tratando de sentirme mejor, es posible que mi novia me haya dejado hace media hora y trate de pensar en otra cosa, o que me haya sentado mal haber ido sólo al cine a ver un drama, no tienes ni idea. Pero no te preocupes…yo tampoco.
Y aquí estamos. Tú ahí, pensando en lo triste que soy y lo loco que parezco sin conocer nada de mi. Sin quererlo ahora mismo me estarás prejuzgando, y cuando termines me colgarás del cuello un adjetivo seguramente peyorativo con el que me clasificarás como si fuera un papel viejo en un archivo olvidado. O puede que vuelvas a leerme otro día. En un relato, o en una poesía.

Y no entenderás nada.

Le darás tu interpretación, o me colgarás un nuevo adjetivo aún peor que el que hoy pienses. O puede que seas tú quién quizás hoy coja la máquina de escribir para saber que se siente.

Sé que tengo algún tipo de problema cuando soy capaz de sentarme durante horas a escribir sin ni siquiera tener nada en la cabeza a lo que dar salida. Pero si eres capaz de leerlo hasta el final… está claro de que no somos tan distintos.